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Sociedad lacerada, herencia del golpe

TEGUCIGALPA - La ruptura del orden constitucional para un sector de la población y la defensa de la institucionalidad para otros, que desembocó en la expulsión del ex presidente Manuel Zelaya Rosales, el 28 de junio del año anterior, sin duda alguna socavó los cimientos de la democracia restituida por la Asamblea Nacional Constituyente de 1981, según dos expertos en asuntos políticos y sociales.
El politólogo Edgardo Rodríguez, y el sociólogo y catedrático universitario Pablo Carías, aunque no coinciden plenamente en su visión de los hechos y consecuencias suscitadas, sí coligen que la sociedad como tal sigue lacerada y el camino hacia una auténtica reconciliación será lenta y tortuosa.


Una simple pregunta para saber si los hondureños querían una nueva Constitución desató una “guerra” entre opositores y seguidores que polarizó la sociedad a tal grado que un año después la sociedad sigue dividida y sin un camino claro para salir adelante y reivindicar totalmente el apoyo internacional.


Un extremo que le sigue haciendo daño a la sociedad es el tema del respeto a los derechos humanos, una asignatura en la que Honduras ha sido aplazada por todas las organizaciones que defienden la integridad de las personas en el mundo, excepto por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), a quien el gobierno de Lobo le nombró una comisión paralela, dada su ineficacia.


TENSIONES Y DESCONTENTOS
En la opinión del politólogo Rodríguez, los acontecimientos del 28 de junio deben ser analizados como la consecuencia de un largo período de incubación de tensiones y descontentos sociales y políticos entre sectores, grupos y clases sociales en Honduras.


Igualmente, como el choque de dos visiones opuestas sobre las vías de la democracia; así como de la revisión crítica del papel de la Constitución como facilitadora del proceso de desarrollo nacional.


En ese contexto, se puede señalar como aspecto positivo de la crisis, el intenso debate y movilización generado en torno a la necesidad de revisar a fondo los crónicos problemas sociales que abaten a gran parte de la sociedad hondureña.


No obstante, cree Rodríguez, que el pecado estuvo en pretender aplicar modelos o visiones de gobierno importadas, lo que puso en evidencia la falta de imaginación y originalidad sobre los temas fundamentales del país por parte de algunos intelectuales, políticos y dirigentes sociales.


Según Rodríguez --presidente de la Asociación Hondureña de Ciencia Política (AHCP)--  la crisis política obligó a la élite gobernante, “azul y colorada”, a tener que volver su mirada hacia las demandas insatisfechas de la pobrería y la necesidad de cambios urgentes al sistema económico, social y político que se deben plasmar en un proyecto de país.


Positivo ha sido también plantear la profundización y ampliación de la democracia representativa, a la que se le deben anexar formas de participación popular directa, como el plebiscito y referéndum, manifestó el entrevistado.


Pero no todas han sido sanas intenciones, subrayó Rodríguez, “pues desde posturas populistas y actitudes seudo-autoritarias se quiso instalar en Honduras un tipo de régimen que en la práctica ha demostrado ser antítesis de la libertad del Estado de derecho.


GRAVES SECUELAS
El sociólogo Pablo Carías es del criterio que lo que para él fue un golpe de Estado ha dejado una secuela de consecuencias negativas de las cuales al país le llevará décadas en resarcirlas frente a la comunidad internacional, especialmente con los cooperantes tradicionales.


Con el rompimiento constitucional, dijo Carías, Honduras ha sido exhibida como una nación donde existe una clase dominante testaruda y resistente a las necesidades de cambios que demanda la urgencia de adaptarse a los nuevos hilos de los tiempos que vive la humanidad.


Otro aspecto que no puede dejarse de comentar, indicó el catedrático universitario, son las heridas causadas y por eso la sociedad está polarizada al grado que se han cerrado los espacios para la discusión y el debate de los temas que rodean los intereses de la nación.


“En términos generales, la sociedad es menos tolerante que el año anterior, en el pasado se podía disentir, pero ahora cualquier opinión es condenada por uno y por otro sector”, precisó Carías al explanar su visión sobre los hechos derivados del 28 de junio.

FREDY PERDOMO


LA CIFRA
126 días estuvo Manuel Zelaya Rosales en calidad de huésped en la sede de la embajada de Brasil en Honduras, tratando de llegar a un arreglo con sus defenestradores.

 

 

 

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