Domingo, 05 de Septiembre de 2010 20:39    PDF Imprimir E-mail
¿Patriota de verdad?

    La empresaria y periodista Ilsa Díaz Zelaya les hace una pregunta a sus lectores en su columna del sábado pasado titulada “¿Es usted patriota de verdad?” (TIEMPO, 4 de agosto, página 8), y nos deja confundidos pues nunca supimos que había patriotas de verdad y de mentiras. Yo, en lo personal, no soy patriota… lo he dicho en muchas ocasiones desde esta columna, sin embargo, eso no significa que no quiera a Honduras. El Diccionario de la Lengua Española define el vocablo patriota muy brevemente así: “El que tiene amor a su patria y procura todo su bien”.  Según esta definición ningún gobernante de Honduras y ningún empresario ha sido patriota y si no lo han sido los gobernantes y potentados,  menos que lo sea yo. He sido feliz en Honduras, pero también lo he sido en Estados Unidos, en México y en Panamá. Tengo muchísimos recuerdos de años felices que transcurrieron cuando fui joven en Honduras, Estados Unidos, México y Panamá. Pero, habiendo nacido en Honduras, nunca he sentido ninguna emoción enloquecedora al escuchar las notas del himno nacional o ver la bandera azul, blanco y azul con las cinco estrellas al centro. Siempre me ha parecido más atractivo el lábaro nacional de los Estados Unidos y disfruto escuchando el himno de Panamá… uno de los himnos más lindos que he escuchado, sin embargo, Honduras es especial, después de todo aquí nací y procuro el bienestar del pueblo hondureño. Pero no me exalto, no me apasiono, no me ahogo de emoción cuando escucho las notas del himno o cuando veo la bandera. Tampoco he creído nunca que Honduras—sólo por ser mi patria—es el país más hermoso y encantador del mundo. Todavía no he entrado en estado de delirio. Aquí fui feliz, aquí viví años inolvidables, pero eso no significa ser patriota. No. Yo no soy patriota de verdad ni de mentira, simple y sencillamente, no soy patriota. Deseo el bienestar del pueblo, la justicia social para todos los hondureños, el trabajo honrado y digno para todos los ciudadanos, deseo el respeto, el decoro y la dignidad, la cultura y la educación para toda la población, pero esos deseos son normales y característicos de toda persona que tenga sensibilidad humana, no significan patriotismo. Detesto ver la bandera nacional en frívolos eventos de belleza o en enloquecedores partidos de fútbol y otros eventos irrelevantes.

     Refiriéndose al patriotismo, escribe doña Ilsa Díaz Zelaya: “Para algunos consiste en el orgullo de haber nacido en un país rico o de gran tradición cultural”. ¡Claro! A mí me hubiera encantado nacer en un país rico, de gran tradición cultural, pero nací en un país cuyas riquezas han sido explotadas por empresas extranjeras y por gobernantes corruptos y, lamentablemente, no existe en Honduras una sólida tradición cultural. Los franceses se enorgullecen de haber nacido en Francia… sólo veamos los pintores, escultores, poetas y escritores que Francia le ha dado al mundo. Nosotros no le hemos ofrecido nada al mundo… nada que no sean escenas de policías leñateando al pueblo que reclama sus derechos. Imposible comparar a Francia con Honduras. ¿Cómo sentirme orgulloso de un país que no cuenta ni siquiera con una gran biblioteca? Doña Ilsa habla de los “valores cívicos” en su artículo. Me pregunto, ¿cuáles? No puede haber valores cívicos en un país analfabeta e inculto. Pienso en Buenos Aires y en Tegucigalpa y lo que siento es frío. Nuestra capital se está desmoronando, se está desquebrajando… tendrá que volver a Comayagua, de donde nunca se hubiera trasladado a los cerros huecos y rocosos de Tegucigalpa.

   Prosigue escribiendo doña Ilsa Díaz Zelaya: “El verdadero patriota puede criticar o quejarse de su nación, observando los errores y deficiencias, pero al mismo tiempo busca y propone los medios para poder solventarlos…”. Lamentablemente, a los hondureños que han tratado de solventar las deficiencias se los llama socialistas y comunistas.  Y se dice—cometiendo un error de abismo—que la Patria es de todos. Es la mentira más grande que he venido escuchando. La Patria es de las grandes empresas multinacionales, de los terratenientes y de los potentados… única y exclusivamente de ellos. La Patria no es de todos, si lo fuera no se irían miles de hondureños que exponen su vida y su seguridad al viajar a Estados Unidos, huyendo así de esta democracia amante de la paz y la libertad… de la paz y libertad de los poderosos ya que en esta Patria los pobres son ciudadanos de segunda clase, no se los toma en cuenta. ¡Cómo duele decirlo! No puedo sentirme orgulloso de Honduras. Doña Ilsa, a su pregunta: “¿Es usted patriota de verdad?”, debo contestar que no. Me sentiría muy cómodo viviendo en cualquier país de Europa o Sudamérica y, muy de vez en cuando, pensaría en este pobre país que nunca me ha pertenecido. Pensaría en que aquí descansan mis padres, pero Honduras puede quedarse con su deficiente cultura, con sus ridículos espectáculos públicos y con su pornografía que repugna, así como repugna la pobreza. ¿Patriota? No, no soy patriota, ni de verdad ni de mentira. No tengo motivo de serlo.

Septiembre 6, 2010.