Miercoles, 23 Abr de 2014

Ley seca

Entre las medidas de seguridad para reducir la criminalidad en nuestro país, el gobierno ha prohibido la venta de bebidas alcohólicas el domingo, o sea lo que pudiera llamarse el decreto de una Ley Seca Dominical (LSD).

Esto, según dice el secretario de la Presidencia de la República, Reynaldo Sánchez, con “el ánimo de contribuir a bajar los índices de homicidios, accidentes viales, violencia doméstica y todos aquellos actos que están relacionados directamente con el consumo de alcohol”.

De acuerdo con las pesquisas sobre los homicidios, la violencia y la criminalidad en general, en Honduras la ingestión de bebidas alcohólicas es un factor de potencial delictivo, pero no hay datos exactos sobre su incidencia, de cualquier manera difícil de medir.

Se sabe por experiencia, sin embargo, que el consumo de bebidas alcohólicas es en parte responsable de accidentes automovilísticos, de violencia doméstica y de riñas comunes, cuyo número aumenta sustancialmente en los fines de semana, de viernes a domingo y hasta el lunes.

Que nosotros sepamos, no obstante, no existe en nuestro país un estudio científicamente validado sobre el complejo problema de la criminalidad, en el contexto de la violencia, que incluye la criminalidad común y la criminalidad organizada, puesto que el acento –en algún momento por motivos políticos--   se sitúa casi exclusivamente en el narcotráfico, el tráfico de armas y en menor grado, en el tráfico de personas.

La violencia y la criminalidad, en el mundo actual, es un problema mundial, pero su génesis y caracterización difiere en las distintas regiones del planeta:  algunas en plena conflagración bélica, otras en razón de las mafias de poder político-económico, también en función del narcotráfico y de la apropiación y control sobre los recursos energéticos, y, en fin, por efecto de la marginalidad humana y la pobreza.

Con esta variedad de causas, desde una perspectiva geopolítica, se tiene un panorama global de la violencia y la criminalidad, que no es bastante para su  aplicabilidad puntual. En nuestro caso, por ejemplo, en tanto problema de causa múltiple –o multicausal, para usar el neologismo— no hay común denominador, pero sí se acerca el de la exclusión social y la pobreza.

En tal sentido, independientemente de los resultados de las denominadas leyes secas a través de la historia, lo importante es el enfoque sobre el combate contra la violencia y la criminalidad, que la simple lógica indica una necesaria integralidad. Esa integralidad, en nuestro suelo y su entorno, forzosamente inclina hacia los dos aspectos básicos de la prevención y de la acción judicial, en el marco de una estrategia de desarrollo humano, aún en sus aplicaciones represivas.

Esa estrategia es, por consiguiente, la clave del éxito o del fracaso del combate contra la violencia y la criminalidad en una sociedad paupérrima como la nuestra. De allí la obligación de insistir en la equidad económica y social, en la vigencia y ampliación de los derechos humanos, y, asimismo, en la idoneidad  policial –al margen de lo militar—y de la impartición de justicia.

Febrero 19, 2014