Miercoles, 16 Abr de 2014
Jueves, 07 Marzo 2013 22:47

Opción por los pobres

Jon Sobrino

En el lenguaje cristiano y teológico, también en el lenguaje de Puebla, el término "pobre" puede describir realidades muy diversas. Se puede hablar así, en positivo, de pobreza espiritual, de empobrecimiento para acompañar a los pobres. Ese significado de pobreza es real y es muy importante que exista su realidad. Describe la subjetividad interior de los seres humanos que se abren a Dios o el proceso de intentar asemejarse a los pobres reales. Pero, siendo esto sumamente importante y necesario, esa pobreza no es aquella de que se habla en la opción por los pobres; y es peligroso si desde ella se quiere determinar a los pobres de la opción y a la opción por los pobres.

El analogatum princeps de pobres, y los pobres de los que se habla en la opción, son antes que nada y en directo aquellos seres humanos para quienes el hecho básico de sobrevivir es una dura carga, para quienes dominar la vida a sus más elementales niveles de alimentación, salud, vivienda, etc., es una ardua tarea y la tarea cotidiana que emprenden en medio de una radical incertidumbre, impotencia e inseguridad. Pobres son aquellos encorvados, doblegados, humillados (anaw) por la vida misma, automáticamente ignorados y despreciados por la sociedad. Estos son los pobres tal como de ellos se habla en los profetas y en Jesús. En lenguaje actual, "pobres" son en primer lugar los socio-económicamente pobres, lenguaje que no debiera sorprender ni ser tachado de ideologizado, pues lo que está detrás de lo socio-económico es el oikos, el hogar, y el socium, el compañero; es decir, las dos realidades fundamentales para todo ser humano: la vida y la fraternidad. Junto a esta pobreza existe también la socio-cultural, que hace que la vida sea dura carga.
 
Existe la opresión y discriminación racial, étnica y sexual. Muy frecuentemente, por el mero hecho de ser negro, indígena o mujer, la dificultad de la vida se agrava. Esta dificultad añadida es teóricamente independiente de la realidad socio-económica, pero con gran frecuencia, al menos en el Tercer Mundo, acaece dentro de la pobreza socio-económica, con lo cual estos seres humanos son doblemente pobres. Visto el mundo actual como un todo, no cabe duda de que la pobreza socio-económica es lo que mejor describe la pobreza en el mundo, agravada además por la opresión proveniente de determinadas discriminaciones.

Hay que agradecer a Puebla que expresase esta realidad con sumo vigor y sin ninguna ambigüedad. Puebla describe los rostros concretos en que se expresa -"la situación de extrema pobreza generalizada" (n. 31)- de la siguiente manera: niños golpeados por la pobreza antes de nacer, jóvenes frustrados en zonas rurales y suburbanas, indígenas marginados y que viven en situaciones inhumanas, campesinos sin tierra y sometidos a la explotación, obreros mal retribuidos y privados de sus derechos, marginados y hacinados urbanos frente a la ostentación de la riqueza, ancianos marginados y abandonados... (nn. 32-39). Estos rostros concretos expresan "la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos", lo cual es juzgado como "el más devastador y humillante flagelo" (n. 29). Este es el significado primario de pobres por los que hay que hacer la opción.
 
Los pobres de la opción no son -como subrepticiamente se los quiere reinterpretar- el simple ser humano, metafísicamente limitado, carente, necesitado y sometido al sufrimiento. Nada de esto se niega, obviamente, en la opción por los pobres. Pero esos pobres no son los pobres de la opción. Pobre no es simplemente el homo doliens, sino aquel que más se parece al no-hombre. Dicho en lenguaje teológico, la pobreza de la que aquí se habla es aquella que va en contra del primigenio plan de Dios en la creación, un mínimo o un máximo, según se mire: el mundo de la pobreza, mayoritario en el Tercer Mundo, significa que la creación de Dios no ha llegado a ser; que la vida no es lo que está in possessione en la humanidad.

Los pobres de la opción son, además, históricamente pobres; son los empobrecidos por otros. Pobreza no es mera carencia, no es mera dificultad de dominar la vida, sino dificultad de vivir causada por otros e ignominia añadida introducida por otros. Pobreza entonces es pecado, "clama al cielo" (Medellín, justicia 1), "es contrario al plan del Creador y al honor que se merece", (Puebla 28). Y los pobres son dialécticamente pobres. Históricamente, pobre dice relación intrínseca a opresor; dialécticamente, dice relación intrínseca a rico. Puebla asienta la flagrante y creciente diferencia entre ricos y pobres: "La verdad es que va aumentando más y más la distancia entre los muchos que tienen poco y los pocos que tienen mucho" (Mensaje).
 
Pero, además, da la razón: existen "ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres" (n. 30). Hay pobres porque hay ricos, y hay ricos porque hay pobres. Pobreza es entonces no sólo carencia de vida, no sólo injusta carencia de vida causada por los opresores, sino que es también la negación formal y más radical de la fraternidad, del ideal del reino de Dios. Como las raíces de la opresión son estructurales, esta pobreza, histórica y dialéctica, se hace masiva y duradera; no es casual y exige cambios profundos de las estructuras (Puebla 30).

Los pobres de la opción son, por último, una realidad política, aspecto menos explicitado que los anteriores en la Escritura y el magisterio, pero no por ello menos real. Su masividad -pues se trata de pueblos enteros pobres-, lo objetivamente insostenible de su situación y la conciencia que van adquiriendo de la pobreza y sus causas, la esperanza que se va generando entre ellos de que la vida es posible y de que hay que luchar por ella, suponen un potencial político que se está actualizando en los países del Tercer Mundo. Pero en la medida en que se actualiza ese potencial, los pobres están sujetos no sólo a la opresión empobrecedora sino también a la represión, como afirma Puebla inmediatamente después de describir los rostros de los pobres (cf. nn. 40-43). De esta forma, pobreza adquiere otra connotación: los pobres que quieren dejar de serlo son frecuentemente reprimidos y asesinados- se asemejan al siervo de Yahvé que, por intentar implantar la justicia, sucumbe bajo la represión.

Los pobres por los que hay que hacer la opción se definen, por tanto, en relación a algo sumamente negativo: la ardua dificultad de dominar la vida en lo más elemental de ella. Esto hay que recalcarlo porque el lenguaje trata de ocultarlo y tiende a plantear la realidad de la pobreza desde otra perspectiva positiva. Se habla así de "países en vías de desarrollo", con lo cual -sea cual fuere la verdad histórica del desarrollo se relaciona pobreza con algo positivo. No se niega, por supuesto, que la pobreza exija éticamente el desarrollo, es decir, el salir de ella. Pero en su realidad histórica, la pobreza dice primariamente otra cosa: esta en vías de muerte.
 
Quizás en lugares industrializados la pobreza pueda ser descrita en relación a lo positivo, en relación a un bienestar no alcanzado todavía, pero que se piensa posible y probablemente alcanzable. Pobreza apunta a lo positivo que se piensa poder conseguir. Pobres son los que todavía no han alcanzado el bienestar, pero están en vías de alcanzarlo. En el Tercer Mundo, sin embargo, pobreza apunta, antes que nada, a lo negativo de lo que hay que huir. En las conocidas palabras de G. Gutiérrez, "pobres son los que mueren antes de tiempo", aquellos que se acercan a la muerte lentamente, debido a estructuras injustas que privan de vida, en sí mismas "violencia institucionalizada" (Medellín, Paz 16), y aquellos sometidos a la muerte rápida y violenta cuando intentan liberarse de su injusta pobreza.
 
Pobreza se relaciona entonces con muerte. Esto es lo que significa pobreza cuando se habla de opción por los Pobres. No se niega que haya otros significados de pobreza, importantes y necesarios para la realización plena de la vida cristiana; pero se afirma que, cuando se habla de opción por los pobres, se habla de estos pobres.
 
 El añadir "preferencial" a la opción -añadidura que tiene sentido en la pastoral- no deja de ser una ironía en la humanidad actual en la que dos terceras partes o más de ella son ese tipo de pobres; y la mirada al futuro, desgraciadamente, los hace aumentar en número. El que se hable de "opción" tiene su importancia. Históricamente al menos supone que hacer de estos pobres el destinatario de la misión de la Iglesia para liberarlos de su pobreza no ha sido práctica habitual ni sigue siendo fácil ni evidente. Se intuye, además, que tomar en serio a ese destinatario es una exigencia grave, costosa y conflictiva; es por ello una decisión honda que hay que hacer en presencia de otras posibles decisiones más tradicionales, conocidas y fáciles; por ello tiene sentido hablar de "opción".
 
Se intuye, por último, aunque esto se va comprendiendo en la medida en que se realiza, que la opción por estos pobres, si quienes optan se introducen en la dinámica histórica que genera esa opción, va mucho más allá de la determinación del destinatario de la misión y el contenido y método de ésta. La opción por estos pobres llega a abarcar todas las dimensiones del creyente y del ser humano; no sólo la dimensión eclesial, sino la dimensión de la fe y de la salvación.
 
 Sacerdote Jesuita