Sábado, 26 Jul de 2014

Crisis en educación

El resultado de la evaluación del sector magisterial, realizado por la Dirección General de Evaluación de la Calidad Educativa (DIGECE), evidencia la grave situación de nuestro sistema educacional, del que los maestros constituyen su columna vertebral.

De hecho, la calificación de suficiencia de los docentes en Honduras es de mediocridad, con índices deprimentes en el conocimiento de materias clave, entre ellas Matemática, Español y Pedagogía, lo que explica la baja calidad de la educación impartida.

Casi 10,000 (22 por ciento) de los maestros sometidos al examen de la DIGECE fueron reprobados con notas de 11 a 60 por ciento, mientras el resto, 33, 225 (78 por ciento) pasaron la prueba con notas de 61 a 80 por ciento, aunque una regular cantidad de éstos pasaron “de panza” o arrastre, como se dice vulgarmente.

Apenas el 5 por ciento de los maestros aprobados obtuvo la alta calificación, de 81 a 100 por ciento, y eso nos indica que la formación de los educadores es de elevada deficiencia en la parte académica o científica. En lo que corresponde a la integridad cívica y la responsabilidad profesional es otro cantar.

Como todo lo que interviene en el desarrollo de un país y de una sociedad es parte integral, la educación ocupa el primer lugar de esa integralidad. En consecuencia, lo que tenemos en Honduras, a la vista de esa evaluación, no es una educación para el desarrollo sino una educación para el subdesarrollo.

Por diversas encuestas sobre la situación de la educación en América Central nos damos cuenta de que Honduras, en lo que importa a la calidad, está en el último escalón, y eso no extraña a nadie porque, hasta ahora que empieza  un esfuerzo para mejorar, maestros y alumnos han vivido en la calle, levantando puños y esgrimiendo pancartas.

Cuando se hacen análisis sobre la pobreza en nuestro país, que en la actualidad afecta a la población en más del 70 por ciento, se hace énfasis en el desempleo y la falta de oportunidades para una vida digna, y, entre los factores inherentes al fenómeno, se apunta la mala educación o la falta de ésta.

Por supuesto, al aquilatar la incidencia de la mala educación en la pobreza habremos de ser cuidadosos, pues, como se ha dicho, el subdesarrollo también es integral. Debemos advertir, por lo tanto, que la falla es del sistema, o, si se quiere, de orden económico, político, social y cultural. O sea que el abordaje para superar esta situación tiene que darse en un espectro más amplio, y ese es el verdadero reto.

La oportunidad de hacerlo en la forma adecuada a la realidad la tienen en sus manos los políticos, precisamente en este momento crucial que demanda un cambio de gobierno de transición por otro definitivo, suponemos que de renovación del sistema.

Tienen la palabra, pues, los aspirantes a gobernar nuestra Honduras.