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Viernes, 11 de Diciembre de 2009 01:08 |
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| Juan Ramón MartÃnez |
| | Que el Partido Liberal haya perdido las elecciones, es algo normal. En la actividad democrática, especialmente en el momento de las elecciones, lo más seguro es perder. Ganar es extraordinario, por lo que se celebra con mucho entusiasmo. Lo que es extraño es celebrar la derrota, inventarse cataclismos en donde no hay más que voluntad popular. Y atribuirle a quien no se quiere, el peso de la derrota, cuando aquà todos nos conocemos. Y sabemos que el Partido Liberal no ha sido humillado; ni mucho menos su candidato abandonado por el electorado que, es igual o superior al que acompañó al ex presidente Zelaya en las elecciones del 2005.
Entendemos este juego en que, se quita el cuerpo al análisis serio y responsable, se inventan historias y se buscan inocentes para que escriban artÃculos seudo cientÃficos, con los cuales se quieren enmascarar las cosas, disimulando los verdaderos culpables de la derrota liberal del 29 de noviembre recién pasado. Para empezar, tal derrota no es nada del otro mundo. En las elecciones de 1989, Callejas obtuvo un respaldo mayor que el que logró Lobo Sosa en las últimas elecciones. Con el agravante que, incluso la plaza fuerte de San Pedro Sula que retuvo el liberalismo bajo la conducción de Elvin Santos, la ganó Callejas en una votación histórica en la ciudad más próspera del paÃs. En aquellas elecciones el candidato del Partido Liberal no gozaba con la simpatÃa del presidente Azcona, por lo que Flores en vez de obtener algún tipo de beneficio de su correligionario, más bien lo que recibió fue el menosprecio del electorado por una administración que se negaba a aceptar la existencia de la crisis, que se cerró a la comunidad financiera internacional; y que perdió incluso, en los dÃas previos a las elecciones, apoyo de México y Venezuela, proveedores de petróleo y sus derivados. La diferencia es que Azcona no hizo un mal gobierno de forma deliberada como Zelaya, sino que sufrió él mismo la fatiga de un partido fragmentado y el despecho de un electorado que se habÃa cansado de dos gobiernos liberales seguidos.
En las elecciones del 29 de noviembre, Elvin Santos Ordóñez, fue sacrificado por una fracción del Partido Liberal que quiere destruir a este instituto polÃtico, con la finalidad de darle paso a un proyecto socialista, dirigido por una parte de la oligarquÃa ganadera, ahora respaldada como nunca antes, por un significativo grupo de la inteligencia nacional, formada en gran parte, bajo el alero nostálgico del joven Marx. Adicionalmente a la falta de apoyo al proceso electoral, la renuncia de candidatos a luchar por su sobrevivencia polÃtica y a la confusión de lealtades de una parte del electorado, hay que agregar como factor clave en la interpretación del fracaso del Partido Liberal, el hecho que Manuel Zelaya dirigió un gobierno caótico, irresponsable y poco honrado. Estos hechos operaron en contra del candidato liberal y de muchos de sus lÃderes departamentales y locales que, en el momento de tomar las decisiones honorables que correspondÃa, vacilaron, temieron hacer campaña; y se entregaron mansamente en manos del pesimismo antidemocrático pregonado por Zelaya y sus amigos. El fracaso en Colón, en donde el Partido Liberal no ganó una alcaldÃa siquiera, confirma muy bien que, la culpa del resultado tiene que ver con la conducta de los candidatos – incluso uno de ellos, “zelayista” confesó, se arrodilló y pidió perdón a sus correligionarios en una fecha tardÃa e inconveniente – con la adhesión a una causa perdida y a la que se suma una propuesta que estimuló la duda y facilitó el miedo que llevó a los electores a favorecer al Partido Nacional.
Estos son los hechos. Pero no importan. Lo que se quiere es seguir engañando a la opinión pública, para como lo hicieran en el pasado los “rodistas”, intentar salvar la cara del responsable de la derrota del Partido Liberal. Y desde una falsa identidad liberal, imponer la candidatura de Xiomara Castro de Zelaya, para que opere como figura de manipulación consentida, por parte su marido, el gran responsable por la derrota electoral del 29 de noviembre recién pasado. Santos Ordóñez, igual que Carlos Flores en 1989, se ha sacrificado, pagando las deudas de un gobierno inamistoso que, hasta el último dÃa, le negó el respaldo incluso de una parte de los liberales que, en forma equivocada, siguen creyendo en las aventuras neuróticas de un lÃder acabado y humillado. Es éste el humillado en las elecciones del 29. No el Partido Liberal que igual, después de la derrota del 89, pudo recobrarse y ganar las elecciones de 1993.
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