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Si enchuta pierde… Pepe se encuentra entre la espada y la pared. Si decreta un incremento al mÃnimo como el del comandante vaquero, los empresarios lo tendrán de ojo de gallo y si aprueba un poquito, quién aguanta a los obreros en las calles. Es... |
Siguen los madruguetes. Como está de moda, el director del Seguro mañaneó a recorrer los pasillos y habitaciones del IHSS y se fue de espaldas el galeno. Encontró que de nueve quirófanos que hay, diez están en las latas. “Con razón, las operaciones las programan... |
Hasta no ver… Después de darle tantas vueltas al asunto, el cipote malcriado ya se resignó que no hay de otra. Por eso prometió que a partir de la próxima semana las mentadas dispensas serán historia. Pero Juan Orlando no se quiere sacrificar solo pues... |
Llamarada de tusa. Pero como que no le creen mucho al jefe de jefes del CN. Toribio Aguilera juró que todo ha sido llamarada de tusa de cachos y cheles para darle atol con el dedo al iluso pueblo. Los chiquitos ya están claros, pero no... |
Premios de consolación. Por fin a Pompeyo y Renán les dieron algo como consuelo, después que anduvieron del timbo al tambo. Pepe puso a Bonilla como presidente del consejo del IP. Mientras, a Inestroza lo mandarán a esa misma mina, pero como secretario ejecutivo en... |
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Sección: riflazos
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Martes, 01 de Diciembre de 2009 13:21 |
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Washington (AFP) "El sida me salvó la vida", dice la estadounidense Charlene Cotton. Rescatada de un infierno de drogas gracias a una prueba de sida, esta afroamericana seropositiva de 48 años reconstruyó su vida a pesar de la enfermedad, el último vestigio de sus años de adicción a la heroÃna.
Charlene cayó en las drogas a los 12 años, poco después de la muerte de su madre. Se encontró viviendo con su hermana en la casa de un tÃo abusivo. En la adolescencia se prostituyó y tuvo un hijo a los 18 años.
Las dosis de heroÃna apenas le duraban y tenÃa que volver por más. Utilizar agujas estériles era algo secundario. "Lo único que importaba era tener (heroÃna) una, otra y otra vez. Asà es la enfermedad de la heroÃna".
En octubre de 2003, mientras Charlene buscaba una dosis, una trabajadora social la abordó y le ofreció una prueba de sida gratuita en su camioneta. A los 42 años, Charlene se enteró que era seropositiva y lo vivió como una revelación. "Es Dios que vino hacia mà y me sacudió. TenÃa la oportunidad de morir o revivir", recuerda.
En Estados Unidos, el número de mujeres seropositivas no deja de aumentar desde el inicio de la epidemia. Las afroamericanas representan un porcentaje desproporcionadamente grande de los nuevos contagios. Como Charlene, 66% de las enfermas de sida son negras. La capital de Estados Unidos es la más afectada del paÃs: 3% de la población es portador de VIH.
Charlene guarda solo un recuerdo de sus treinta años de adicta: una borrosa foto blanco y negra. Su figura se destaca entre los familiares que asistieron al entierro de su hermana, poco antes de enterarse de que era portadora de VIH. "ParecÃa un esqueleto, una bolsa de huesos", dijo.
Recordar la adicción es difÃcil porque la lucha contra las drogas es diaria. "Lo más duro es tenerme confianza. Fue por mi culpa que soy seropositiva, fue por mi culpa que estaba en las calles", explica.
Las mujeres seropositivas tienden a tener ingresos y acceso a los cuidados médicos inferiores a los hombres en la misma situación, con la desventaja de tener familia a cargo.
"Tienen que pagar el alquiler, el cuidado de los niños. La última cosa que piensan es en el sida", dijo Hugh Layeida, de Colectivo de Mujeres, una asociación que ayuda a las mujeres afroamericanas con VIH en Washington.
Charlene se beneficia del Medicaid, un seguro de salud para los pobres. Los medicamentos son gratis y desde hace seis años está estable.
"¡Mami es seropositiva!", exclama Charlene mostrando fotos de su pequeño hijo en su apartamento. Charlene cree en la prevención y la educación de los jóvenes, en explicarles la diferencia entre la infección por VIH y el desarrollo del sida y sobre todo en mostrar que se puede vivir tomando medicamentos dos veces por dÃa.
Ahora Charlene trabaja para Colectivo de Mujeres y recorre los barrios de la capital repartiendo preservativos y folletos sobre el sida. Charlene alienta a las personas a hacerse la prueba de forma gratuita en la camioneta de la asociación, igual que hace seis años otra mujer hizo con ella, cambiándole la vida.
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