Lunes, 20 Mayo 2013 18:03

El agua y la biodiversidad

​Irina Bokova
Directora General de la  UNESCO

No hemos terminado de explorar la belleza de la diversidad biológica de nuestro planeta ni hemos calibrado exactamente la función que desempeña en el bienestar y la supervivencia de la humanidad. Sin embargo, hemos comenzado ya a destruirla. Este día de acción es la ocasión para movilizarnos a fin de preservar la diversidad biológica y compartir sus beneficios para todos.

La primera etapa de esta movilización es el agua. Todos los seres vivos de la tierra, del aire o del mar necesitan agua. Algunos viven sin luz, otros sin oxígeno, pero ninguno puede subsistir sin agua. El agua es el denominador común de la diversidad biológica y constituye un poderoso instrumento de cooperación. Ese es el motivo de que el tema elegido para este día internacional en 2013, El agua y la biodiversidad, coincida con el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, coordinado por la UNESCO en nombre de ONU-Agua. Es la oportunidad de combinar nuestros esfuerzos para poner de relieve modalidades equitativas e innovadoras de ordenación del agua y compartir las buenas prácticas para la preservación de los humedales –arroyos, lagos, costas, zonas marinas– que tienen un papel fundamental para la biodiversidad. 

Nos encontramos en el núcleo mismo de una red de relaciones complejas entre el agua y la biodiversidad. El ciclo del agua determina la diversidad biológica, y esta determina a su vez el ciclo del agua y el clima. Los bosques tropicales absorben la humedad del suelo y las aguas subterráneas por la raíz de los árboles y expulsan a la atmósfera cantidades de agua que vuelven en forma de lluvia. La biodiversidad –de los bosques, del océano– actúa como regulador térmico mundial, atenuando el cambio climático mediante la absorción del carbono. 

La acidificación de los DG/ME/ID/2013/015 – pág. 2 
Océanos resultante amenaza la biodiversidad marina, que afecta a su vez a la cadena alimenticia de la que dependemos. La biodiversidad no es una cuestión como otra cualquiera: es tan necesaria para los organismos vivos como la diversidad cultural para el género humano. Ambas diversidades están relacionadas entre sí y el futuro al que aspiramos depende de nuestra capacidad colectiva de perpetuarlas. 

En un mundo globalizado, este esfuerzo es necesariamente colectivo. Debemos forjar alianzas científicas más fuertes para comprender y proteger los equilibrios naturales de los que todos dependemos, en el espíritu del Protocolo de Nagoya sobre Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios que se deriven de su Utilización, aprobado en 2010. La UNESCO pone sus programas culturales y científicos al servicio de esta causa. Existen los instrumentos. La Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO participa en la iniciativa mundial “Carbono azul” para promover la utilización sostenible del océano. La UNESCO es socia activa de la nueva Plataforma intergubernamental científico-normativa sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas, cuya creación en 2012 constituye un importante avance. El éxito de estas iniciativas depende de la movilización política al más alto nivel y de la sensibilización de la sociedad civil y los sectores público y privado. Movilicémonos hoy en defensa de un mensaje sencillo: el vínculo entre el agua y la biodiversidad ha dado su forma y su belleza al mundo en que vivimos, preservémoslo para las generaciones futuras.