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| Patricia Murillo Gutiérrez |
| Retrotrayéndonos a los días 28 y 29 de junio de este 2009, recordamos las actuaciones de personajes de la era Micheletti y que por los papeles que desempeñaron en los días iniciales de la pesadilla que hunde a la nación, no debemos olvidarnos, para que sepamos juzgarlos hoy y a futuro cuando se quitaron los disfraces que presentaban ante los ciudadanos y quedaron reflejados sin ningún escrúpulo.
Uno de ellos, Marcia Facussé Andonie de Villeda, que se paseaba eufórica en los pasillos del Congreso Nacional con la carta de “renuncia” que según los golpistas había dejado el presidente constitucional y en la que entre otras cosas, aceptaba que por “razones de salud y la crisis política dejaba el cargo”.
El terror empezaba para el 80 por ciento de los hondureños y los hacedores del mismo y sus padrinos del Pentágono y las derechas dogmaticas de América, estaban tocando el Olimpo con sus manos.
De allí la importancia que para ellos tenía esa falsa, usurpadora y vil carta de renuncia que recibió la Secretaria del Congreso y que jamás nadie dio cuenta de su origen ni mucho menos qué se hizo después.
Es uno de los documentos más vergonzosos y repugnantes en la historia política de Honduras. La llego a equiparar con otra carta: La Rolston y que sabiamente habla lo barato que resultan los diputados en Honduras, país donde todo es comprable.
¿Sabrá Marcia Facussé lo que significa la palabra ética en la política? ¿Habrase dado cuenta del papel negro que jugó en esta trama maligna para hacer retroceder 20 ó 30 años el incipiente desarrollo nacional?
¿Se dará cuenta esta dama que hoy pretende reelegirse para el Congreso Nacional que el mundo está inmerso en la construcción de una sociedad pluralista que permita sobrevivir al género humano y se encuentren soluciones comunes a problemas comunes enmarcados en el respeto a los derechos humanos y a las leyes?
Triste papel el que jugaron muchos hombres y mujeres que desde la cúpula golpista apoyaron esta mascarada traicionera al país. No olvidamos a German Leitzelar nombrado por Micheletti como “el Comisionado Presidencial para la reconciliación”. Y que se llenaba la boca ofreciendo un proceso de paz.
También recordamos a Enrique Ortez Colindres, que se desgañitaba e insultaba a quien se le pusiese enfrente, pretendiendo adoctrinarnos y al mundo entero, buscando que aceptaran que aquí todo era legal.
Lo comparo al fantoche papel que jugó el canciller Edgardo Paz Barnica, en tiempos del sucio régimen de Roberto Suazo Córdoba junto a su alero Gustavo Álvarez Martínez en los ochentas, empeñándose en desmentir la presencia carnicera de los Contras en el país, del ejército salvadoreño y de cómo habían entregado el territorio nacional a los norteamericanos en Palmerola y otras bases encubiertas.
Por eso confiamos que ya se esté recopilando la esencia de la historia desde ese 28 de junio de 2009. Pero por escritores, historiadores comprometidos con la verdad, para desvirtuar libros salidos de la manga de la camisa, pretendiendo distorsionar la relación de los hechos, sin calibrar que también serán triturados por el molino científico de la verdad.
Y esto lo enlazamos con el libro “Nos Atacan Señor Presidente” del escritor, abogado y ex capitán de Policía Mario Berríos, que casualmente a pocas semanas del golpe, lo publica y en el que saca sin ningún pudor el nombre de la progresista, eximia y revolucionaria historiadora hondureña Leticia de Oyuela, como una analista que “convergía” en que lo ocurrido el 28 de junio, no se trataba de un golpe de Estado sino de una sucesión constitucional.
Pues da la casualidad amigos lectores que la insigne investigadora nacional falleció hace casi dos años y que de acuerdo a su obra y actitud personal y profesional, jamás coincidió con la violencia de los corruptos y mucho menos de quienes llegaban al poder por la fuerza.
En Tegucigalpa un grupo de mujeres intelectuales lleva su nombre y ellas como otros amigos personales dan fe que jamás Lety hubiese apoyado esta asonada. De igual manera desmintió en su programa televisivo al citado autor, la periodista Dina Bulnes, reclamándole por qué había incluido su nombre en ese grupo de compatriotas apoyadores de la maquillada sucesión, siendo que ella jamás ha sido ni será “golpista”.
Es inexcusable para los auténticos historiadores, los poetas, los literatos acunar los hechos tal como son, investigar sus raíces y para que esta negra noche que vive la Patria, no impida que la luz de la verdad prevalezca en toda la memoria nacional.
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