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La palabra firme del Cardenal
Juan Ramón Martínez
Hay algunos que se molestan por el discurso que maneja el cardenal Rodríguez. Una de esas personas, aquí en este mismo espacio generoso, le negó el derecho a expresarse, incluso invocando razones religiosas, sin disimular que se trata de un desacuerdo político con el prelado católico que, si fuera tal, debe respetarse en razón de la obligada tolerancia que plantea el ejercicio partidarista entre las personas que pertenecen a distintas facciones democráticas.

En un clima de intolerancia autoritaria, en el que vive una pequeña porción de hondureños, se considera que lo correcto y lo adecuado es negarle el derecho a expresarse a los demás. Cuando lo adecuado no es la negación a la libertad de expresión, ni mucho menos la descalificación del otro que no piensa como nosotros, sino que la obligada discusión, colocando los argumentos que corresponden para demostrarle al compatriota contendiente que está equivocado. Y que debe rectificar. Pero como en este caso los equivocados son los que insultan al cardenal Rodríguez, que le niegan incluso el ejercicio de sus obligaciones pastorales, especialmente en el desarrollo de la conciencia política de cada uno de sus compatriotas, previniéndoles de que cada lado están las fuerzas del bien y de qué lado está el mal. Los que dividen y enfrentan a los hondureños se alzan en su contra, en una forma en que priva el veneno porque se le desconoce su calidad de hermano fraterno y se le disputa el derecho a cumplir su deber de protegernos diciendo la verdad a todos los hondureños.

Rodríguez, en la homilía hermosa y esclarecedora del Día de la Virgen de Suyapa, no hizo más que cumplir aquello que la verdad nos hará libres. Y como en la toma de posesión de Lobo, a la cual no se le invitó o se le dijo que no fuera porque así lo quería la comunidad internacional, con el fin de borrar de nuestra memoria los hechos durante el periodo en que fuimos nación y tuvimos bajo control soberano la dirección del país, el principal líder católico del país aprovechó la ocasión para recordarnos que somos un pueblo digno, que contamos con líderes que hay que respetar y que tenemos derechos que reclamarle a todo el mundo.

No es fácil que los compatriotas que han escogido el camino de rendirse ante los falsos encantos del autoritarismo y el caudillismo político, acepten que siguen un camino equivocado que les dará, otra vez, resultados negativos. Honduras no estaba –ni estará tampoco en el futuro– en condiciones de ser convertida en una nación chavista o castrista. El socialismo del Siglo XXI es una aberración teórica, un inconveniente práctico y una invitación que nadie acepta porque precipita en el vacío. El único camino que queda es el de perfeccionar la democracia, pero sin tener que buscar en el autoritarismo tal cosa, porque ello implica su destrucción que fue el caso del proyecto “zelayista” que no sólo fue mal planteado, sino que muy mal defendido por sus teóricos y por sus estrategas. Querer imponer un modelo político que no se ajusta a la idiosincrasia hondureña y para lo cual, en vez de escoger el convencimiento fraterno, recurrieron a la violencia verbal, al ataque personal y a la descalificación de los derechos que tiene el otro para defender su vida, proteger sus intereses y rescatar el derecho a la libertad, fue un error garrafal que los llevó a la derrota.

Rodríguez es para la mayoría de los hondureños el líder cívico y religioso más importante con que contamos. Que igual que Evelio Reyes, Argeñal y Osvaldo Canales, es responsable por el clima de paz y tolerancia con que hemos sorteado este tiempo de diferencias, provocado por Zelaya en forma irresponsable. Que para lograr lo suyo –que no era otra cosa que su endiosamiento como gran figura en el escenario internacional– dividió a los hondureños; y de una patria de hermanos hizo un territorio de enemigos, llamados a destruirse mutuamente. En ese trágico ejercicio, los pastores religiosos fueron un ejemplo de unidad, llamando a la paz, por medio de la explicación de las cosas, previniendo que para mantener la paz era necesario preservar el respeto y la tolerancia, sin renunciar a la firmeza en la defensa de la democracia y la libertad. Este es el disgusto que manejan en su contra. Esta es la razón por la que se le haya insultado injustamente, se pida su muerte en un lema en el aeropuerto Toncontín y ahora se le niegue a Rodríguez el derecho a expresarse. Cosa que es incoherente cuando se dice que se busca la mayor participación del pueblo en la vida ciudadana.

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