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| Ernesto Alvarado Reina |
| La estricta y pensativa revisión de los principios básicos consagrados en los Estatutos y el propio Ideario del gran Partido Liberal de Honduras, ameritan sin lugar a equivocaciones, en los actuales momentos, invocar una profunda transformación.
El comportamiento dubitativo, incongruente y de poca decisión trascendental de ciertos polÃticos, es un episodio que obliga a echarse hacia la renovación mediante actos sensibles, producto de un entendimiento invariable, propenso a conseguir los innumerables o valiosos objetivos de la comprensión social, o bien, de enorme utilidad práctica como muestra de una perfecta conducta de adaptación, cuya revelación es proporcionada satisfacción de las insuficiencias imperiosas y referentes de una institución de derecho público de acción favorable hacia las clases populares.
El Consejo Central Ejecutivo de esta vanguardista institución, deviene en la obligación de agrupar un selecto grupo de patriotas, manteniendo la conexión, unidad por entero y el fortalecimiento como iniciativa circular de portentosa proyección, muestra de clara inteligencia en sus decisiones emitidas mediante signos de honradez y definido prestigio. En este orden de ideas, las disposiciones o medidas de opción preferente tienen que ser lÃmpidas, coincidentes, homogéneas y de rotundo estremecimiento dentro de un seguro, culto y cierto esclarecimiento, como mezcla de amplia solución de un punto en disputa, o de honda palpitación popular en recatado bienestar general. La polÃtica como ciencia y arte se demuestra con independencia y actos ajenos a todo compromiso.
Las buenas, magnÃficas y saludables relaciones de cualquier naturaleza tienen que arrancar a manera de parte elemental, cuando las circunstancias o motivos especiales lo exigen en determinado momento histórico. Los ideales por una justa causa recogen la tradición histórica y la herencia formativa de nuestros antepasados, impulsando el portaestandarte de la libertad en un verdadero lanzamiento restaurador, manteniendo la estabilidad de las instituciones, el permanente respeto al orden público, a las buenas costumbres y a las leyes en vigor. Hay que ir apartando de manera categórica y eficaz la ceguera, la incomprensión y soslayar la ausencia de malicia, en el objetivo de conseguir una auténtica conciliación dentro de un alcance comprensivo, mejor entendimiento entre las partes y una ventana de explicación adaptable a las condiciones generales del momento crucial que se experimenta, derivación del semblante de una crisis de grandes proporciones.
Ante componentes opuestos, la inmediata separación de ciertos sujetos que con un determinado criterio individual de desastrosas actividades incomprensibles, pretenden arrogarse facultades superiores a la ley o atribuirse privilegios especiales tiene que llegar a su culminación inevitablemente. De igual forma, el apasionamiento de ardientes actitudes, el germen de la confusión y la manifiesta alarma, propagan el áspero desconcierto, sembrando la ingobernabilidad y los siniestros propósitos de indignidad y frecuente repudio, en la admirable posibilidad de un desenvolvimiento gradual y progresivo, agregado de incontables dosis de patriotismo.
Congruente con este razonamiento, la destreza de pensamientos, la unificación de criterios imparciales, se encaminan al estableciendo mejores y mayores oportunidades de amigable conciliación, en imponente atención a las insuficiencias imperiosas y conexas, que reclaman con justicia y equidad, su auténtico papel protagónico. Hay que apartar las posiciones intransigentes, radicales, conservadoras, engolilladas en los viejos principios que las incubaron, para dar paso al espÃritu de unificación, aptitud conciliadora y pedestal de la paz y del progreso fÃsico y mental del paÃs. La evolución social del liberalismo hondureño es un imperativo inaplazable en los más de ciento diez y seis años de existencia como unidad de reivindicación de las causas justas.
El carisma, prestigio, demostrada capacidad, recia personalidad, simpatÃa y particular convencimiento de algunos lÃderes del Partido Liberal, admiten situarlos en un lugar prominente dentro del escenario nacional, debido a la constante apreciación de sus obras y ejecutorias de vasto respaldo por parte del pueblo hondureño, abarcando asà la problemática en todo su conjunto, con una mirada concreta de la nebulosa envolvente que impide la convivencia humedecida de avenencia y fraternidad.
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Dentro de un concepto de longitud expectante, lleno de propósitos especiales de convivencia, las ramas que se desgajan del árbol polÃtico, hay que unirlas con función integradora, como ensanchamiento de un acto de valoración en una nueva aspiración perdurable.
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