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SAN SALVADOR, SALVADOR (AFP) - Edson Rochac pega un salto y cae al suelo de espalda: con su acrobático baile callejero, una fiebre que contagia a muchos jóvenes en El Salvador, se aleja de las pandillas, responsables del 90% de los homicidios en el país. Vestido con pantalón y camisa holgada, gorra y zapatos deportivos, Rochac, conocido en el mundillo salvadoreño del baile callejero como 'Stimpy' -el nombre de una caricatura- es una especie de maestro y referencia en lo que hace.
"Los jóvenes vienen a practicar y aprender el baile para soltar energía, desestresarse, aprender algo nuevo, por convivir o simplemente pasarla bien, alejados de cosas negativas", dijo a la AFP el bailarín de 26 años. El joven, de cuerpo delgado y atlético, pese a sus escasos recursos se ha promocionado internacionalmente: ha visitado países como México, Costa Rica y Argentina, invitado por organizaciones de bailarines.
Los jóvenes del 'street dance', que hasta ahora las pandillas han dejado en paz, tienen su "código de conducta", que excluye desde las manifestaciones de violencia hasta el cigarrillo. |
'Stimpy', al igual que otros muchos jóvenes de zonas pobres o con problemas de violencia de San Salvador o de otras ciudades del interior del país, han tomado el baile callejero como forma de sobrevivencia, en uno de los países más violentos del mundo, con 12 homicidios diarios. Para ganarse la vida, Rochac se dedica, al igual que otros muchachos, a vender camisetas o gorras -estampadas con diseños propios- durante las llamadas "batallas" de baile que se libran los fines de semana en algún parque o plaza, en varias zonas del país.
Un pequeño salón ubicado en un parque municipal, en el sector noroeste de la capital, es uno de los lugares donde chicos de distintas edades llegan a practicar o a aprender los pasos, como parte del apoyo que les da la Alcaldía de San Salvador desde el año pasado, cuando comienza a divulgarse el baile en las calles."Antes me metía en cosas raras, malas compañías, pero hoy lo mejor es bailar. Se me quitaron las malas mañas y Dios me da la oportunidad de hacer algo bueno", indicó a la AFP otro bailarín, David Linares, de 18 años.
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En un momento se vio tentado a formar parte de una de las poderosas pandillas que operan en El Salvador, pero "por fortuna" más bien se enroló en el baile. En El Salvador operan la Mara Salvatrucha o MS-13 y su acérrima rival la Mara 18 o M-18, que juntas reúnen a unos 11.000 miembros, aunque la policía estima que esa cifra podría llegar a 20.000.Hoy, David trabaja en un taller de mecánica y al final de la tarde, cuando termina su jornada, se va corriendo al salón del parque municipal pues -dice- le encanta "dar vueltas de cabeza".
Los más experimentados, con dos o más años de práctica, bailan 'hip hop', 'funk' o 'break dance', todos parte del 'street dance', que surgió a fines de los años 70 en las calles del sur del Bronx en Nueva York. En una plaza en la ciudad de San Marcos, al sur de San Salvador, Víctor Rivas, de 17 años, ha llevado a su pequeña hermana Sara y a su mamá Úrsula Martínez para que lo vean practicar 'street dance' junto a otros chicos de la localidad.
"Vemos vídeos musicales para conocer pasos de baile y ahí vamos aprendiendo", comentó Rivas a la AFP, mientras hace unos pasos deslizantes que su hermana trata de imitar.Siempre que puede, doña Úrsula acompaña a su muchacho a las prácticas y, de vez en cuando, también va a verlo en las competencias de baile. "Creo que es una práctica sana, lo veo a él, a sus compañeros y amigos de baile, son cipotes (muchachos) sanos, no fuman, no andan en malos pasos, por eso lo hemos dejado que baile", manifestó Martínez a la AFP.
