
TEGUCIGALPA.- La única vez que intentó solicitar un pequeño préstamo, a través de un fideicomiso, para ampliar su escasa producción de granos allá en Olancho, no lo logró y eso lo frustró para siempre.
Se trata del pequeño productor Samuel Espino, residente en Catacamas, Olancho, quien confiaba en resultar beneficiado de un fondo de 50 millones de lempiras que el Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (BANADESA) puso a disposición de los agricultores de aquella zona el año pasado, pero en una semana desapareció al caer en pocas manos que no lo necesitaban.
La ausencia de políticas claras agrava la situación en el agro: Rafael Alegría, coordinador de Vía Campesina |
“Nosotros, los pequeños productores, no vimos un tan solo centavo de todo ese dinero, pues nos exigieron miles de condiciones y al final fueron otros los afortunados”, denunció el campesino, precisamente frente a Casa Presidencial, donde participó en una protesta para exigir indemnizaciones por los proyectos hidroeléctricos Patuca.
Además cuestionó a la banca privada --la que según él-- no invierte para impulsar el sector productivo, pero sí para la importación de artículos suntuarios y por eso ahora hay más celulares y televisores y menos granos”.
REZAGO
Al igual que Espino, paisano y colega en las labores de labranza del presidente Porfirio Lobo, las organizaciones campesinas también revelaron que el país presenta un rezago de 20 años en el desarrollo productivo. Para el caso, el coordinador de Vía Campesina, Rafael Alegría, sostuvo que los problemas son históricos en el agro hondureño.
Cuando se implementó la Ley de Modernización para el Desarrollo del Sector Agrícola, a partir de 1990 –en el Gobierno de Rafael Leonardo Callejas--se desarticuló primero el movimiento campesino y después se privatizaron los servicios públicos, deploró. Prácticamente de esa manera cayeron en desgracia unos 350 mil pequeños productores y se abandonó la producción alimentaria para favorecer el turismo, la maquila y otros rubros de exportación, agregó.
A partir de entonces, a los agricultores se les vedó la asistencia técnica por parte del Gobierno, ya no son objeto de financiamiento y peor para que su producción goce de alguna garantía, puntualizó. En la actualidad, cada quien sobrevive por cuenta propia y pensar que antes aun en medio de los conflictos agrarios, el país se auto abastecía de maíz, arroz y frijoles y era “conocido como el granero de Centroamérica”, recordó.
Pero ahora es un nato importador de todos los productos alimenticios, a pesar que se registran terribles niveles de desnutrición, especialmente en la niñez, según Alegría. El dirigente citó a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) la que establece que unos 2 millones de campesinos hondureños viven en la extrema pobreza.
Alegría no encontró argumentos sólidos para que la banca se niegue a financiar la producción nacional, por lo que lo atribuyó a la ausencia de políticas públicas claras por parte de la esfera gubernamental. “Lo único que le podría interesar a la banca es la compra de tierras en grandes extensiones, pero no para ayudarles a los pequeños agricultores”, puntualizó.
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Por esas y otras circunstancias, Samuel Espino está decidido a no pedir la ayuda estatal para ver fructificar sus parcelas, pues todavía se siente con fuerzas para sacar adelante a su familia.
DEFICIT PRODUCTIVO
16 millones de quintales de maíz blanco y amarillo.
2 millones de quintales de arroz.
1 millón de quintales de frijol.
2 millones de campesinos viven en la extrema pobreza, según la FAO.
Engaño
“El sector público agrícola engaña a los productores con un bono que todos los años cambia de nombre, bono tecnológico y solidario, pero que en resumidas cuentas se concreta a una bolsa de urea, una bolsa de fórmula y otra de granos”: Samuel Espino, pequeño productor.
