Editorial
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En la celebración del 121 aniversario de la fundación del Partido Liberal de Honduras, los hasta ahora ocho aspirantes a la candidatura presidencial de esa organización política expresaron su idea central sobre la unidad liberal en el foro “Retos y Desafíos del Liberalismo”. Este foro, organizado por la Fundación Friedrich Naumann y el Instituto de Educación Política del Partido Liberal ha servido para poner sobre la mesa el pensamiento de los dirigentes liberales que se han impuesto la tarea de unificar el liberalismo hondureño dentro de la lucha por el poder y de cara a las elecciones generales del próximo año. En síntesis, los precandidatos liberales abordaron el tema desde la perspectiva del primer reto, que es el de la reunificación en condiciones muy adversas, debido a la fractura o quiebre de la institucionalidad partidista culminada con el golpe de Estado 28-J de 2009. Cada uno de estos dirigentes, en su búsqueda de liderazgo, abordó el tema de la reunificación del partido sobre la intención de resolver los grandes problemas nacionales –desempleo, pobreza y precariedad social, inseguridad y combate a la criminalidad, y, en el marco partidista, sobre el retorno a los valores y principios contenidos en la Declaración y Objetivos de esta institución política. Es evidente que en la limitación de un foro de esa naturaleza no hay espacio suficiente para ahondar en el análisis sobre una cuestión tan compleja como es el rescate de un partido histórico con su ideología y doctrina agotadas y, por lo tanto, necesitado de renovación en línea con las nuevas corrientes de desarrollo político, económico y social, en un mundo, para colmo, sumido en la vorágine del cambio. También es evidente que la sola dinámica electoral –o electorera, si hace falta la acidez—tampoco producirá la reunificación en el Partido Liberal, porque para lograr ese objetivo hace falta lo principal para vencer el reto: la mística de la renovación partidaria que convence a las masas de participar en la conquista del poder, de acuerdo con sus necesidades, anhelos y conveniencias. Hasta el momento el planteamiento de la unidad liberal se reduce a la cúpula del partido con el fin de superar el trauma del golpe de Estado 28-J mediante la reconciliación entre “demócratas” y “golpistas” para hacer frente común al desafío electoral del adversario tradicional, el Partido Nacional en el poder. De allí la propuesta elemental: pacto de unidad de cúpula como corolario de las elecciones primarias/internas. Desde esa perspectiva se deja por fuera que, al menos en el contexto del partidismo hondureño, cada partido es, por así decirlo, una triada formada por la cúpula dirigente, la base militante y la base simpatizante. Cada una de estas partes piensa y actúa en función de sus propias percepciones y ambiciones, con ritmos y códigos diferentes, que necesitan de la sintonía ideológica y doctrinaria para actuar en común. Para conocer esa realidad partidaria es indispensable profundizar, de manera sistemática y perspicaz, en el pensamiento de la triada, y es en esa dirección que las aspiraciones presidenciales habrían de sustentar su trabajo político para la conformación de su liderazgo. De no ser así, el esfuerzo de unificación liberal sería de corto alcance y el oleaje electoral o electorero no podría suscitar el reacomodo de la energía partidista y, en cambio, posiblemente, provocaría la dispersión hacia otras ubicaciones políticas y al abstencionismo comicial |


