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       Son muchos los hondureños que aseguran —satisfechos—que al ser derrocado el presidente Manuel Zelaya triunfó la democracia ya que el presidente conducÃa al paÃs hacia el socialismo y estrechaba lazos demasiado amistosos con Venezuela, Ecuador y Bolivia, es decir, con Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales… esos presidentes cuya ideologÃa es incompatible con el statu quo reaccionario que durante décadas ha imperado en Honduras, calificándose de democracia. Siempre hemos ido más allá diciendo que también hemos vivido en libertad y paz. Hemos pensado que la democracia ha consistido en vivir sujetos a los dictados de los Estados Unidos y a la reacción polÃtica. Todo ciudadano que ha denunciado esa humillante mansedumbre y repugnante servilismo, ha pagado las consecuencias… el mejor calificativo que ha podido dársele es el de agitador y el peor ha sido el de comunista.
       En la década negra de los ochentas se desató una cacerÃa brutal persiguiéndose a todo aquel que no estaba conforme con la democracia hondureña y lo decÃa —lo gritaba abiertamente— y en muchos casos, pagó su inconformidad con la tortura y la muerte. Estaba sucediendo en Honduras lo que sucedió en Argentina durante la llamada “guerra sucia” y en Chile bajo la bota fascista de Pinochet. En Honduras las clases dominantes, la oligarquÃa, la Iglesia católica y los gobernantes corruptos, no aceptarÃan a los agitadores… a esos habÃa que eliminarlos, desaparecerlos, matarlos. Y asà se hizo en nombre de la democracia, la paz y la libertad. SeguirÃamos viviendo entre los grandes contrastes, entre los muy ricos y los muertos de hambre, pero todos temerosos de Dios y dedicados a la Iglesia. Siempre nos pareció cÃnica la actitud de la derecha, la actitud de la reacción, y nunca hemos sido comunistas, nunca hemos sido socialistas, sin embargo, siempre hemos pensado que al pobre se le debe dar oportunidad, justicia social, educación, óptimos tratamientos médicos… sin quitarles nada a los ricos. Nunca hemos aceptado la intromisión de la Iglesia católica, ni de ninguna otra, en los asuntos polÃticos de la nación y es por eso que nos pareció de pésimo gusto —un espectáculo circense— cuando un pastor evangélico invocó a Dios al elevar una oración en los actos de la toma de posesión presidencial de don Porfirio Lobo Sosa. La intervención de ese señor traÃdo especialmente del exterior para invocar a Dios, nos pareció ridÃcula e innecesaria, además de que fue un acto que estuvo fuera de lugar. Francia, por ejemplo, es un paÃs católico, sin embargo, los franceses no permiten la intervención de ningún religioso en los asuntos polÃticos del paÃs. Lo mismo sucede en México. Pero en Honduras acontece lo contrario porque resulta en magnÃfica fórmula… si interviene el clero en los asuntos del Estado, si el Estado es abiertamente religioso, entonces se cree que imperan la democracia, la paz y la libertad, algo que no puede darse en naciones ateas como es Cuba y como lo fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas… ese paÃs ya desaparecido que se conoció como la Unión Soviética y ahora es simplemente Rusia, sin todas las repúblicas que formaron la Unión, sin embargo, Vladimir Putin, el Primer Ministro ruso, perteneció a la KGB y es de lógica que sea ateo, eso no significa —a nuestro criterio— que sea un hombre malo. Nada tiene que ver el ateÃsmo con la maldad ni el cristianismo con la virtud. Bajo el singular y extraño catolicismo del ex presidente hondureño Roberto Suazo Córdova, se cometieron los crÃmenes más horrendos en nuestro paÃs, su presidencia, rodeada de santos y sacerdotes, fue una de las más entreguistas de nuestra historia. Suazo le entregó a Reagan el paÃs en bandeja de plata, a cambio de nada. Reagan estaba obsesionado por el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua por ser de corte socialista y convirtió a Honduras en un portaviones estadounidense para contener el sandinismo y, de ser posible, invadir a los comandantes nicaragüenses… todo con el beneplácito del presidente Suazo Córdova y sus secuaces. Todo mundo feliz porque en Honduras se vivÃa en democracia, se creÃa en Dios, y reinaban la paz y la libertad. Pero nada se decÃa de los desaparecidos, de los asesinados, de los torturados, de los activistas considerados de izquierda, asà como nadie hacÃa nada por mejorar las condiciones de vida de los pobres. No habÃa justicia social, es más, ni siquiera habÃa justicia. Pero se tenÃa la temeridad de pregonar la gran mentira… en Honduras se vive en democracia, en paz y libertad. Nunca se ha visto tanto cinismo cubierto de almibarada religiosidad… y seguimos pregonando lo mismo, cuando rechazamos a Hugo Chávez —amigo de Cuba, de Irán y de Rusia— y rechazamos también a Correa y a Morales. Esos malvados, esos ateos, no pasarán. Aquà aceptamos a don Alvaro Uribe, aferrado al poder en Colombia, y al reaccionario Ricardo Martinelli de Panamá… son demócratas, como nosotros. Demócratas y católicos… como nosotros. Demócratas como la oligarca Ingrid Betancourt, que al verse libre de la selva colombiana viajó a Francia y dejó de hablar español. Gran patriota, como nosotros. Y ahora se asegura que Barack Obama es socialista, será preciso rechazarlo.
Febrero 8, 2010
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