Jueves, 24 Abr de 2014

Competitividad

Es bien sabido el hecho de que la competitividad es un factor esencial para el desarrollo económico y empresarial, lo cual está ligado a la productividad y la eficiencia en el plano laboral y en el desempeño gerencial.

En el contexto global hay establecida una medición, por países, del índice o “ranking” de competitividad, cuyo conocimiento influye en el interés de las inversiones y en lo relacionado con el intercambio comercial.

La posición de Honduras es, en este aspecto, muy incómoda porque, de acuerdo con el Ranking de Competitividad Global, nuestro país ocupa en el período 2013-2012 la posición 90, en el universo de 144 países, y una cota de 3,9 en el puntaje de 1 a 7.

En comparación con el período 2011-2012, Honduras bajó su indicador de competitividad 4 puntos, de posición 86 a 90, y es obvio que tal descenso debe mover a la preocupación por el futuro de las inversiones y de las relaciones de comercio regional y con terceros países.

De acuerdo con las estimaciones del Foro Económico Mundial (FEM) que establece los parámetros de la puntuación sobre competitividad, los factores más agudos que afectan la competitividad son la corrupción, la violencia, la burocracia ineficiente y las dificultades para el acceso al financiamiento.

Le siguen en orden descendente la inestabilidad política, la excesiva carga de impuestos y tasas, las restricciones por regulación laboral y los problemas de infraestructura básica, así como, en último término, la falta de educación y mano de obra calificada, la inflación, la precariedad de los servicios de salud pública, la incapacidad para la innovación, y, en fin, la inestabilidad monetaria.

Si pasamos revista a todos estos factores negativos, fácilmente comprenderemos por qué Honduras ocupa un lugar tan lamentable en materia de competitividad en su producción, y, por supuesto, la razón de que cada vez sea más débil su capacidad de atracción a las inversiones, lo mismo locales que foráneas.

Recientemente la designada presidencial María Antonieta Guillén de Bográn se reunió a puerta cerrada con un grupo de empresarios del Norte del país para abordar este tema, y, en sintonía, proceder a una evaluación, a través de encuesta, para hallar el modo de atravesar el pantano en que se halla la competitividad.

Evaluación o no, sabemos con bastante certeza cuáles son los factores  inherentes a las deficiencias de nuestro andamiaje productivo, en buena medida procedentes de un sistema económico empresarial basado en el paternalismo estatal, tanto en lo relacionado con el sector empresarial como en la parte laboral.

Para superar esa situación, independientemente del problema actual de elevado riesgo-país y de la asimetría de desarrollo humano, es fundamental una revisión estructural de nuestro sistema económico, que torna a ser difícil por la fuerza del statu quo persiste en la mentalidad del Estado-botín, algo implícito también en los objetivos subalternos de nuestra “clase” política.