Obama en el SICA

Como acto adicional a la visita oficial del presidente Obama, de Estados Unidos de América, a Costa Rica se realizó el encuentro de éste con los presidentes y jefes de Estado de Centroamérica, reunidos en función del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), temporalmente presidido por Laura Chinchilla, mandataria de aquel país.

En estas condiciones el cónclave del SICA ocupó un segundo plano, lo cual quedó evidenciado por la informalidad del encuentro con el mandatario centroamericano, concretado en plática, y, por lo tanto, sin declaración final o comunicado conjunto.

Como se había dado entender desde las fuentes diplomáticas estadounidenses, el propósito del viaje del presidente Obama por México y Costa Rica tenía el principal propósito de abordar una temática comercial, política internacional y energías limpias, habida cuenta de que Centroamérica representa el segundo mercado más importante de Estados Unidos en el mundo.

Sin embargo, los problemas de la seguridad –combate al narcotráfico—y de las migraciones no podía ser excluido de la conversación, en virtud del interés marcado por el fracaso de la Iniciativa CARSI, incluyendo a México, y lo relacionado hasta ahora con las leyes sobre migración.

Con su acostumbrada retórica, el presidente Obama dijo, a su llegada a San José de Costa Rica: “Estoy aquí para escuchar las preocupaciones no solo individuales sino colectivas de una región de más de 40 millones de personas que todos los días van a trabajar para dar a sus familias una mejor vida”.

Dios quisiera, en realidad, que esos 40 millones de personas vivieran en un régimen diario de pleno empleo. El mandatario estadounidense coronó su buena intención al indicar el hecho incontrovertible de que Centroamérica necesita pensar en invertir en infraestructura, electricidad y promover un mayor comercio que genere empleos.

De acuerdo con lo expresado por el presidente Funes, de El Salvador, a la salida del conversatorio en el SICA, Estados Unidos ha “redefinido” sus relaciones con Centroamérica, ya que está apostando a la “prevención” que a la represión de la violencia y al fortalecimiento de los cuerpos de seguridad.

Por lo comunicado por el mandatario salvadoreño, se habló de que “hay necesidad de fortalecer las políticas de prevención del delito”, pero también de “invertir más en la región para que la economía se dinamice y genere los empleos que se requerirán para combatir la pobreza, la exclusión social y para darle más oportunidades a los jóvenes”. De ser fiel esta versión, podríamos decir que, por fin, Estados Unidos ha comenzado a entender la problemática regional y su forma correcta de encararla.

Asimismo, vale la pena señalar que esa comprensión se debe a la tenaz exposición y demandas de los gobernantes de América Central en ese sentido y de los medios de comunicación responsables que han planteado esos criterios con insistencia y claridad, en contraposición a la “militarización” de la política contra la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado.

Sobre esto cabe reconocer, en alto grado, el cambio de visión y de política del nuevo gobierno de México, presidido por Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ha vuelto por los fueros de la integración y la tradición latinoamericanista de la diplomacia mexicana. 
  
Maayo 06, 2013